La práctica de tragar el semen de la pareja tras la eyaculación, generalmente después de una práctica oral. Aunque es un acto físicamente sencillo, para muchas personas tiene una carga simbólica importante: puede representar aceptación, confianza, intimidad o entrega. Algunas personas lo disfrutan por las sensaciones en sí mismas, otras por el componente psicológico o por el placer que saben que le genera a su pareja. No se trata de una obligación dentro de las relaciones sexuales, sino de una elección personal que cada quien toma según sus propias preferencias y límites. Es una de las prácticas más comunes en la sexualidad adulta y aparece en un amplio espectro de dinámicas, tanto en parejas casuales como en relaciones de largo plazo. El deseo de que la pareja trague, o el propio deseo de hacerlo, puede formar parte de fantasías de dominación, sumisión o simplemente de mayor conexión física durante el sexo. Como cualquier práctica sexual, su disfrute varía considerablemente de persona a persona.
El semen puede transmitir infecciones de transmisión sexual como el VIH, la gonorrea, la clamidia o el herpes, especialmente si hay heridas o llagas en la boca. Es importante conocer el estatus de salud sexual de la pareja y considerar el uso de preservativos si hay dudas. El consentimiento es fundamental: nunca se debe presionar a alguien a tragar si no lo desea. Hablar con anticipación sobre preferencias y límites evita malentendidos y garantiza que la experiencia sea positiva para ambas partes.
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