El sexo anal consiste en la penetración del ano y el recto con fines de placer sexual. El pegging es una práctica específica en la que una persona penetra analmente a su pareja usando un dildo, generalmente sujeto con un arnés. Aunque históricamente asociado a parejas en las que una mujer penetra a un hombre cisgénero, el pegging puede practicarlo cualquier combinación de géneros y orientaciones. La zona anal contiene una alta concentración de terminaciones nerviosas, lo que la convierte en una fuente significativa de placer. En personas con próstata, la estimulación a través del recto puede añadir una dimensión adicional de placer. El sexo anal y el pegging requieren preparación, comunicación y lubricación adecuada, ya que el tejido anal no produce lubricación propia. Esta práctica puede ser tanto una exploración ocasional como una parte habitual de la vida sexual de una persona o pareja. No está limitada a ninguna orientación sexual ni identidad de género.
La comunicación previa es esencial: ambas partes deben acordar límites, palabras de seguridad y el ritmo de la actividad. El tejido anal es delicado, por lo que el uso abundante de lubricante de calidad es imprescindible. Es recomendable comenzar con juguetes o dedos de menor tamaño para preparar la zona gradualmente. Los juguetes deben tener base de retención para evitar accidentes. Lavarse las manos y limpiar el equipo antes y después protege la salud de ambas personas. El dolor intenso es una señal para detenerse.
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