El uso de apodos o insultos durante encuentros sexuales o situaciones de intercambio de poder es una práctica conocida como 'name calling' o insultos eróticos. Consiste en que una persona llame a la otra con términos que fuera de ese contexto podrían considerarse degradantes, despectivos o humillantes, como palabras relacionadas con la sumisión, la sexualidad o el estatus dentro de la dinámica acordada. El atractivo de esta práctica suele estar vinculado al componente psicológico: para quien lo recibe, puede intensificar la sensación de sumisión o vulnerabilidad; para quien lo dice, puede reforzar el rol dominante. También puede funcionar en sentido inverso, con la persona sumisa llamando al dominante con títulos de autoridad o poder. Los términos utilizados varían enormemente según las preferencias personales, la identidad de cada persona y el tipo de dinámica que se está explorando. Lo que resulta excitante para una persona puede ser neutro o incómodo para otra, por lo que la personalización es clave.
Antes de incorporar esta práctica, es fundamental acordar qué palabras son bienvenidas y cuáles están completamente fuera de límites. Algunos términos pueden activar traumas o resultar hirientes fuera del contexto erótico, por lo que conviene distinguir claramente entre el uso consensuado dentro de la escena y la comunicación cotidiana. Se recomienda establecer una palabra de seguridad o señal de parada. Después del encuentro, el aftercare emocional es importante, ya que algunos participantes pueden necesitar reafirmación o espacio para procesar lo vivido.
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