Las relaciones abiertas y el poliamor son estructuras relacionales en las que las personas involucradas acuerdan de forma consensuada tener vínculos románticos, sexuales o ambos con más de una persona al mismo tiempo. Una relación abierta generalmente implica que una pareja establecida permite conexiones sexuales fuera de la relación principal, mientras que el poliamor suele incluir la posibilidad de tener múltiples vínculos románticos y emocionales profundos de forma simultánea. Ambos modelos se diferencian de la infidelidad en un punto fundamental: todos los implicados conocen la situación y han dado su consentimiento. Existen muchas variantes, desde el poliamor en red, donde varias personas forman una comunidad interconectada, hasta la anarquía relacional, que rechaza jerarquías entre vínculos. Estas estructuras requieren una comunicación activa y continua para funcionar de manera saludable. No son para todo el mundo, pero para quienes las eligen de forma informada pueden representar una forma legítima y satisfactoria de relacionarse.
La base de cualquier estructura no monógama es el consentimiento informado y continuo de todas las personas involucradas. Es fundamental establecer acuerdos claros sobre límites, prácticas sexuales seguras y comunicación con otras parejas. Los celos y la inseguridad pueden surgir incluso en relaciones bien gestionadas, por lo que el acceso a apoyo emocional, ya sea entre la propia red o con un profesional, es recomendable. Revisar los acuerdos periódicamente ayuda a adaptarlos a las necesidades cambiantes de cada persona.
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