Los sex tapes (grabaciones sexuales) consisten en registrar en vídeo o audio los encuentros íntimos propios, ya sea en solitario o con una o más personas. El atractivo principal suele ser una combinación de exhibicionismo y voyerismo: la excitación de saber que uno está siendo observado o grabado, o la de revivir el momento después viéndolo. Para algunas personas el interés está en el acto mismo de grabar, para otras en el resultado final como material erótico personal, y para otras en ambas cosas. Este kink abarca desde grabaciones estrictamente privadas que nunca se comparten hasta contenido creado con la intención de compartirlo con terceros o de publicarlo. La motivación puede ser la autoexploración, reforzar la intimidad con una pareja, satisfacer una fantasía voyerista o simplemente la novedad. Es una práctica relativamente común y no implica por sí sola ningún tipo de dinámicas de poder, aunque puede combinarse con ellas según las preferencias de cada persona.
El consentimiento explícito de todas las personas que aparecen en la grabación es imprescindible y no negociable. Antes de grabar, hay que acordar quién tendrá acceso al material, dónde se almacenará y qué sucederá con él si la relación termina. Es recomendable definir por escrito o de forma clara si el archivo se borrará tras verlo o si se conservará. Compartir grabaciones de otra persona sin su consentimiento puede tener consecuencias legales y emocionales graves. Revisar la configuración de privacidad de los dispositivos y evitar almacenamiento en la nube no seguro son medidas de seguridad básicas.
Revisado por Reviewed by the Jar of Kinks editorial team