El Trono es una práctica sexual en la que una persona se sienta sobre el rostro o el regazo de su pareja, adoptando una posición elevada que otorga al participante de arriba una sensación de control físico y simbólico. En su variante facial (face-sitting), quien está arriba coloca su zona genital o anal sobre la boca de su pareja, facilitando el sexo oral en esta configuración. En su variante de regazo, la persona se sienta sobre la pareja de forma que la posición evoca una jerarquía de poder, ya sea con penetración o sin ella. Esta dinámica suele incorporar elementos de dominación y sumisión, aunque también puede practicarse sin un componente explícito de BDSM. El atractivo principal reside en la distribución del poder posicional: quien ocupa el trono dirige el ritmo, el movimiento y el acceso. Es una práctica relativamente accesible que no requiere equipo especial, aunque sí demanda coordinación y comunicación entre ambas partes para resultar satisfactoria y segura.
La variante de face-sitting puede restringir la respiración de la persona que está abajo, por lo que es fundamental establecer una señal de parada no verbal (por ejemplo, golpear el muslo de la pareja) antes de comenzar. El peso corporal debe distribuirse con cuidado para evitar presión excesiva sobre el cuello o la nariz. Acordar límites claros sobre el nivel de control y la intensidad es imprescindible. Si existe una dinámica de poder, conviene definir los roles y los límites antes de la sesión, no durante.
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